El feminismo y yo

--Originally published at teaching is my element

Cuando tenía 12 años, la mamá de una amiga nos invitó a pasar un fin de semana en su casa con alberca en alguna de esas poblaciones cercanas a la Ciudad de México a las que los chilangos huyen cada vez que tienen oportunidad,  fuimos  seis niñas de mi edad y cuatro mamás para cuidarnos.  Fue un buen fin de semana: estuvimos en la alberca hasta que se nos arrugaron los dedos y comimos chatarra sin parar.  Claro que alimentar a seis preadolescentes implica una importante cantidad de trastes sucios, por lo que la regla en ese fin de semana fue simple: comías y lavabas lo que ensuciaste. Es lo justo, ¿no? De esa manera las mamás no cargaban el peso de mantener todo en orden. ¿Qué tiene que ver esto con feminismo? Bueno, pues resulta que una de las mamás que nos acompañaba, usó varias veces la frase "Laven su plato, para que se hagan mujercitas".

12 años tenía, cuando por primera vez, la mamá de una amiga me hizo saber que uno de los requisitos para ser 'mujercita' es lavar platos.  Más de veinte años después, sigo analizando esas palabras en mi cabeza y según mi edad, les he dado muchos significados pero todos ellos llevan molestia.  De más chica, mi postura era egoísta, pensando que debí negarme a lavar platos porque yo no necesitaba de eso para hacerme 'mujercita'; más grande entendí, que, desde luego, lo justo era mantener la limpieza entre todas, pero que esa ya es suficiente razón para hacerse responsable de lo que ensuciaste, no hacía falta agregarle una cobertura de estereotipos de género. A veces me imagino regresando a ese momento y fantaseo con la señora diciéndonos: Chicas, somos muchas personas y se van a ensuciar muchos platos, así que si cada quien lava el suyo, vamos a tener todo en orden y tendremos más tiempo para divertirnos.  Mi mundo ideal.

De ahí, todo fue de bajada.  Supongo que antes de los 12, en las sociedades occidentales, todavía no te perciben como diferente, eres lo que en inglés llaman 'child', no hay femenino o masculino...es cuando llega la pubertad que todo cambia y empieza la oleada de lo que se "debe" o no hacer.  Y ahí es cuando empiezan las diferencias.

No seas hueca, pero tampoco seas  inteligente porque ser muy lista raya en la imprudencia.   Sé bonita, pero no sensual, porque la sensualidad hará que no te tomen en serio.   Estudia, pero no estudies tanto porque no tendrás vida social, y así ¿cómo vas a tener novio? si tienes novio, sé un témpano de hielo "búscate uno que te quiera más que tú a él". No te embaraces pero tampoco busques ayuda médica para no embarazarte, o sea no tengas sexualidad: así estarás bien.

Estudia una carrera, pero no una ingeniería o algo con muchas matemáticas, porque eres malísima para las matemáticas.  Saca buenas calificaciones, pero no seas competitiva porque nadie quiere a las mujeres competitivas.  Sal a trabajar, pero no quieras ganar mucho dinero, no uses la falda muy corta, pero sí usa tacones, porque las mujeres con 'flats' se ven desarregladas.  Usa maquillaje, pero no uses mucho maquillaje, van a creer que te "estás dando al jefe".  No cuentes tus problemas, no hables de tus sentimientos, no te enojes, no llores, no sientas, porque las mujeres son emocionales y eso las hace débiles. O sea, si tu jefe se enoja está bien, así son los líderes, tú no, tú si te enojas harás creer a todos que estás en "tus días". No tomes la iniciativa de nada, no propongas un proyecto, no exijas que respeten tu trabajo, límitate a hacer lo que te piden y a sonreir porque si no sonríes "pinche vieja siempre está de jeta, necesita que alguien se la..."

Cásate, pero cásate "bien". Ahora sí embarázate, y más te vale que lo hagas porque si no, no estarás completa.  Deja de trabajar, o sigue trabajando pero no trabajes tanto porque si no, pasarás poco tiempo con tus hijos y eso está mal.   No sea que vean que andan solitos con el papá y entonces la gente los mirará con ternura pensando "¡Qué buen papá! Porque NADIE ve a una mamá con sus hijos en la calle y piensa ¡Qué buena mamá!

Si para mí es difícil, porque las reglas no tienen piez y cabeza, no sé ni qué decirles a mis amigas LGBT, para ellas no hay reglas para ellas todo es un rotundo NO. No te enamores, no beses en público, no te vistas así, no te cases, no seas lo que eres, no adoptes, no, no, no y no. Tú no cabes, tú eres una anomalía, para ti no hay nada.

De anécdotas tengo muchas. Muchas de ellas ni siquiera tienen hombres, porque sí, hay muchas mujeres que contribuyen a que sigamos viviendo en estas reglas absurdas que nos definen por lavar un plato. Mi amiga que cambiaron de área porque su jefa se sintió intimidada por su talento; mis compañeras de la universidad indignándose porque a una le dieron un puesto de gerente pocos días antes de la graduación; mujeres que dicen tener más amigos hombres porque las otras mujeres son complicadas; mujeres que se burlan de las que se pronuncian en contra de esta torcida realidad.

Pero ya basta.   No estamos solas.  Si estás leyendo esto y te identificas, estoy contigo y sé que estás conmigo, y lo vamos a lograr porque aunque no hemos llegado a donde queremos, ya tenemos camino avanzado.   Tal vez no vivamos para verlo, pero lo haremos, porque no queremos definirnos por lavar un plato, porque ya nos cansamos de ser prudentes, porque nos da la gana y ya.






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